
Los yates ecológicos comienzan a ser una moda.
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Cuestan una fortuna, pero pueden surcar áreas protegidas.
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Como deporte, la vela sólo aprovecha la fuerza del viento, pero para la mayoría de los superyates allí es donde acaba la amabilidad ecológica.
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Típicamente, estos botes de 45 o más metros consumen cantidades enormes de combustible, mientras sus propietarios celebran grandes fiestas que requieren servicios de alta potencia, como aire acondicionado y lujosos sistemas de sonido.
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Pero la agenda ecológica empezó a alcanzar incluso a estos gigantes del mar, con arquitectos y diseñadores navales que buscan maneras innovadoras de aplicar las técnicas de conservación.
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Cuando el Tribù, con sus 50 metros y propiedad de Luciano Benetton, fue botado, en 2007, se volvió el primer yate privado en ganar la designación Estrella Verde de la sociedad calificadora italiana RINA.
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Para obtener el certificado, usualmente asociado con cruceros y petroleros, el yate tuvo que cumplir con una lista compleja de requisitos, incluido un equipo especial para tratar aguas residuales y basura, así como la eliminación de otras emisiones.
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La Estrella Verde le dio acceso al Tribù a sectores codiciados de las vías navegables mundiales —como las reservas naturales de Alaska o la península de Yucatán— que requieren el cumplimiento estricto de leyes anticontaminación.Pero a pesar de sus credenciales ecológicas, el Tribù aún es propulsado con diésel.
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Durante la Exhibición de Yates anual en Mónaco, se presentaron varios mucho más progresistas, ecológicamente hablando.
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Entre ellos: el Ethereal, de 58 metros —propiedad de Bill Joy, el inventor de Java e ingeniero fundador de Sun Microsystems—, que usa un sistema de propulsión híbrido electromecánico que depende de baterías recargables de fosfato de litio.
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La energía acumulada permite al yate operar silenciosamente y alimenta los sistemas del navío mientras está anclado, eliminando ruidos y gases por combustión.
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Las ventanas y escotillas están diseñadas para controlar la temperatura del ambiente al filtrar la luz ultravioleta e infrarroja
(disponible por US$ 327.916 por semana; camperandnicholsons.com).
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También se exhibió en Mónaco el prototipo de un superyate con apariencia futurista que depende únicamente de energías solar y eólica.
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El Soliloquy, de 59 metros, hecho por el diseñador británico Alastair Callender, de 23 años, usará tecnología avanzada de la compañía australiana Solar Sailor Holdings en la forma de un bao elevado que contiene tres velas solares automatizadas y rígidas, las cuales crean una forma dinámica que mejora la propulsión del yate
(callenderdesigns.co.uk).
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La superestructura también incorpora una superficie fotovoltaica, o sea que cuando se quita todas las cubiertas al bao elevado, ofrece un área superior a 600 metros cuadrados para captar energía solar.
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Dicha energía es almacenada en las baterías del yate, las cuales pueden alimentar los dispositivos electrónicos a bordo.
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Ello significa cero emisiones en un yate que puede viajar a ocho nudos y requiere una tripulación menor que la de un barco tradicional. Callender afirma que el sistema es tan eficiente que en realidad genera más energía de la que utiliza.
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“Mientras descansás en el puerto de Mónaco, podés devolver energía que no usás a la red de electricidad”, dice.
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“En seis horas, el yate puede generar la energía suficiente para alimentar una casa de cuatro habitaciones durante ocho días”.
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El Solar Gem, de 69 metros, diseñado por Dennis Ingemansson, también presenta un sistema eléctrico híbrido alimentado con energía solar y eólica, pero puede navegar mucho más rápido, a una velocidad de 22 nudos
(dennisingemansson.com).
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También en Mónaco, Feadship presentó el Aeon, de 75,6 metros de largo, un yate de concepción ambientalista con un diseño exterior curvilíneo inspirado en el cuerpo de un tiburón ballena, y una superficie equipada en gran medida con paneles solares.
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Su propulsión es enteramente electrónica, y alimentada con un combustible sintético que puede producirse con gas natural o biomasa (como algas).
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El cuarto de máquinas contiene equipo para convertir diésel en hidrógeno, y todos los residuos producidos durante el proceso —H2O, CO2, y calor— son reutilizados.
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El hidrógeno es convertido en electricidad almacenada en celdas de combustible.
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El sistema ayudará a que el yate logre una velocidad máxima de 18 nudos, la cual, según Koos Zitman, director de Feadship, no podía obtenerse aún sólo con tecnología solar.
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Algunos diseñadores desafían la apariencia tradicional de los yates para aumentar el área disponible para paneles solares y mejorar la eficiencia energética.
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Con 38 metros de ancho y 58 de largo, el Yacht propiedad de Wally-Hermes es una casa lujosa en el agua.
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La compañía, una empresa recientemente formada por sus dos homónimos, afirma que el diseño requiere menos energía en velocidad de crucero que un barco tradicional del mismo tamaño.
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El diseño incorpora paneles fotovoltaicos que cubren casi 900 metros cuadrados y que pueden alimentar la mayoría de los sistemas auxiliares del bote.
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Aunque el yate todavía tiene un motor de propulsión híbrida, como muchos otros, navega en dirección ecológica.
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Por Sonia Kolesnikov-Jessop
NEWSWEEK
El Argentino